
Compartimos las migajas
que nos regala
el mundo.
Bebemos la misma
ambrosía
que inmortalizó a
los dioses,
cuando eran dioses.
Somos dueños
de un mismo cuerpo,
legado indecoroso
de nuestros gemidos.
Avalanchas eternas
de pasiones
que se arrodillan
desnudas
mientras dura
el silencio.
En la sombra,
nos movemos seducidos
por la descarga incansable
de nuestra piel.
Otro día, uno más,
vivido
entre sueños.
que nos regala
el mundo.
Bebemos la misma
ambrosía
que inmortalizó a
los dioses,
cuando eran dioses.
Somos dueños
de un mismo cuerpo,
legado indecoroso
de nuestros gemidos.
Avalanchas eternas
de pasiones
que se arrodillan
desnudas
mientras dura
el silencio.
En la sombra,
nos movemos seducidos
por la descarga incansable
de nuestra piel.
Otro día, uno más,
vivido
entre sueños.













